Para Cristo, la resurrección fue su justificación, adopción, santificación y glorificación.
Como muchos creyentes, el profeta Habacuc preguntó sobre la maldad en su nación.
Por varios factores, entre los años 400 y 600, el poder del obispo de Roma creció enormamente.
Juan Calvino escribió una breve introducción a su teología, la cual después convirtió en el Catecismo de Ginebra.