Para Cristo, la resurrección fue su justificación, adopción, santificación y glorificación.
Al recibir buenas noticias de los tesalonicenses, los misioneros volvieron a vivir.
Dios nos ha concedido todo lo que necesitamos para vivir la vida cristiana y tener comunión con él.
Por medio de la adopción, Dios Padre nos otorga el mismo privilegio de ser hijos que Jesucristo disfruta.