Para Cristo, la resurrección fue su justificación, adopción, santificación y glorificación.
Por varios factores, entre los años 400 y 600, el poder del obispo de Roma creció enormamente.
Dios questionó el enojo y los valores del profeta Jonás, quien estuvo enojado por la misericordia de Dios expresada a sus enemigos.
Además de los atributos incomunicables que solo Dios posee, hay atributos comunicables que él comparte en una medida menos con los seres humanos.