El día del Señor será no solo una destrucción universal sino también una renovación universal.
En medio de los oráculos de juicio hay dos profecías que Jesús cumple.
La vida y la muerte de Cristo satisficieron los justos requisitos de la ley de Dios.
Siendo hijos de Dios, los creyentes en Jesucristo disfrutan tres de los mismos privilegios que el Hijo de Dios tiene ante su Padre.