El día del Señor será no solo una destrucción universal sino también una renovación universal.
En la conclusión de su carta, Pedro nos insta a crecer en gracia y en conocimiento del Señor.
En la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo para que nosotros fuéramos hechos también hijos de Dios por medio de la adopción.
Siendo hijos de Dios, los creyentes en Jesucristo disfrutan tres de los mismos privilegios que el Hijo de Dios tiene ante su Padre.