Los dos estados de Cristo son su humillación y su exaltación.
La presencia del Espíritu Santo en el creyente transforma su manera de vivir, librándolo de andar según la carne para andar según el Espíritu.
El principal medio de gracia es la palabra de Dios predicada.
En el primer siglo, la iglesia expandió enormemente y sufrió sus primeras persecuciones.