Dios convirtió pasitos de fe y de obediencia en una bendición enorme.
Producto de la reforma en Suiza, la Segunda Confesión Helvética es una de las más amplias y populares de las confesiones reformadas.
El apóstol Pedro denunció los falsos maestros de su día, quienes negaron al Señor que nos compró.
Aunque no fue escrito por Atanasio, el credo que lleva su nombre declara la cristología que uno tiene que creer para ser salvo.