El templo no pudo efectuar una limpieza adecuada sino que señaló el medio de limpieza definitiva que era por venir.
Los estados finales de los ángeles y de los humanos son para la gloria de Dios.
Después de escuchar el plan de Dios, el profeta Habacuc se atrevió a decirle a Dios que no debía hacer eso.
El apóstol Pedro denunció los falsos maestros de su día, quienes negaron al Señor que nos compró.