Dios prometió que la gloria posterior de su templo sería mayor que su gloria pasada.
Enfocándose en su misión de hacer discípulos, la iglesia capacita a los cristianos para perseguir sus vocaciones en el mundo.
El pueblo afirmó su amor por Dios, y Dios afirmó su presencia en medio de ellos.
El profeta terminó su libro anunciando su plan de alegrarse en Dios aunque llegara la calamidad.