Dios prometió que la gloria posterior de su templo sería mayor que su gloria pasada.
Siendo hijos de Dios, los creyentes en Jesucristo disfrutan tres de los mismos privilegios que el Hijo de Dios tiene ante su Padre.
La Biblia es un libro enteramente humano y enteramente divino, así como es la persona de Jesuscristo.
El apóstol Pedro denunció los falsos maestros de su día, quienes negaron al Señor que nos compró.