Siendo hijos de Dios, los creyentes en Jesucristo disfrutan tres de los mismos privilegios que el Hijo de Dios tiene ante su Padre.
Jesucristo cumplió los tres oficios del Antiguo Testamento: profeta, sacerdote y rey.
Como respuesta a la amenaza del Arrianismo, el Concilio de Nicea formuló el Credo de Nicea.
Esta nueva serie empieza con una introducción a la cristología, la doctrina acerca de la persona y la obra de Cristo.