Siendo hijos de Dios, los creyentes en Jesucristo disfrutan tres de los mismos privilegios que el Hijo de Dios tiene ante su Padre.
Demostramos el fruto del Espíritu restaurando al hermano caído en pecado.
La fe es el único y el apto instrumento de la justificación.
Hay apoyo en el Nuevo Testamento para la inmersión, el derramamiento y el rociamiento como modos de bautismo.