Siendo hijos de Dios, los creyentes en Jesucristo disfrutan tres de los mismos privilegios que el Hijo de Dios tiene ante su Padre.
La iglesia es una, santa, católica y apostólica.
Después de notar que tan poco el pueblo había logrado, Dios lo reanimó con su presencia.
Enfocándose en su misión de hacer discípulos, la iglesia capacita a los cristianos para perseguir sus vocaciones en el mundo.