Siendo hijos de Dios, los creyentes en Jesucristo disfrutan tres de los mismos privilegios que el Hijo de Dios tiene ante su Padre.
Los estados finales de los ángeles y de los humanos son para la gloria de Dios.
Este episodio repasa unos temas de interés especial en la segunda mitad de la Segunda Confesión Helvética.
La imagen de Dios no es un aspecto de Dios o del ser humano sino el ser humano mismo.