En la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo para que nosotros fuéramos hechos también hijos de Dios por medio de la adopción.
El primer capítulo de Jonás relata tres bajadas, tres lanzamientos y tres sustos.
No importanto cuánto hayamos avanzado en el amor, siempre hay lugar para amar más y más.
Siendo hijos de Dios, los creyentes en Jesucristo disfrutan tres de los mismos privilegios que el Hijo de Dios tiene ante su Padre.