En la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo para que nosotros fuéramos hechos también hijos de Dios por medio de la adopción.
No importando cuánto hayamos avanzado en la vida cristiana, siempre podemos crecer más y más.
El ser humano es una unidad que es esencialmente cuerpo y alma (o espíritu).
Pedro describió el carácter, los métodos y el fin de los falsos maestros para advertirnos del peligro de volver al lodo.