La vida y la muerte de Cristo satisficieron los justos requisitos de la ley de Dios.
Cinco lamentaciones burlonas anunciaron la destrucción del opresor.
Como advertencia para los falsos maestros y consuelo para los cristianos, Pedro demostró que el Señor sabe juzgar y rescatar.
Jesucristo cumplió los tres oficios del Antiguo Testamento: profeta, sacerdote y rey.