La vida y la muerte de Cristo satisficieron los justos requisitos de la ley de Dios.
Dios prometió que la gloria posterior de su templo sería mayor que su gloria pasada.
Interpretada a la luz del evangelio, una antigua historia revela quiénes son los verdaderos hijos no solo de Abraham sino también de Sara.
Como hijos del día, tenemos que vivir en una forma alerta y sobria, armados de fe, amor y esperanza.