El juicio final evaluará y recompensará las obras de cada uno.
Entre los siglos XI y XV, el papado utilizó su poder creciente a veces promoviendo la reforma de la iglesia y otras veces resistiéndola.
La justificación tiene dos aspectos: el perdón de los pecados y la imputación de la justicia de Cristo.
Aunque no podemos justificarnos cumpliendo la ley sino creyendo, la fe produce el amor, y el amor es el cumpliento de la ley.