Los estados finales de los ángeles y de los humanos son para la gloria de Dios.
Aunque denuncian la maldad de las naciones, los profetas también proclamaron la eventual inclusión de las naciones en la salvación de Dios.
El primero pecado de los primeros humanos hundió la raza human en el estado de pecado.
Siendo hijos de Dios, los creyentes en Jesucristo disfrutan tres de los mismos privilegios que el Hijo de Dios tiene ante su Padre.