Los estados finales de los ángeles y de los humanos son para la gloria de Dios.
Después de notar que tan poco el pueblo había logrado, Dios lo reanimó con su presencia.
Entre el Credo de Atanasio y el Catecismo de Ginebra pasó todo un milenio, resumido en este episodio.
Para Cristo, la resurrección fue su justificación, adopción, santificación y glorificación.