Los estados finales de los ángeles y de los humanos son para la gloria de Dios.
Como respuesta a la amenaza del Arrianismo, el Concilio de Nicea formuló el Credo de Nicea.
Sin sutileza alguna, Pablo empezó esta carta con una fuerte reprensión, porque los Gálatas se habían desviado del único evangelio para creer otro evangelio...
Los antecedentes de los credos declarativos fueron los interrogativos - preguntas para los que iban a ser bautizados.