Los estados finales de los ángeles y de los humanos son para la gloria de Dios.
En los Salmos las naciones no sólo observan la gloria de Dios en Israel sino también son invitadas a alabarlo y servirlo.
La presencia del Espíritu Santo en el creyente transforma su manera de vivir, librándolo de andar según la carne para andar según el Espíritu.
La regeneración es la implantación de vida en la persona para que pueda responder a Dios positivamente.