Los estados finales de los ángeles y de los humanos son para la gloria de Dios.
Después de notar que tan poco el pueblo había logrado, Dios lo reanimó con su presencia.
Dios convirtió pasitos de fe y de obediencia en una bendición enorme.
El Credo de los Apóstoles fue un desarrallo posterior del Antiguo Credo Romano.