Los estados finales de los ángeles y de los humanos son para la gloria de Dios.
Como hijos del día, tenemos que vivir en una forma alerta y sobria, armados de fe, amor y esperanza.
Entre las dos venidas de Cristo, hay un traslape de esta edad y la edad venidera.
Demostramos el fruto del Espíritu restaurando al hermano caído en pecado.