La resurrección de Cristo garatiza la resurrección del cuerpo en el día final.
Aunque denuncian la maldad de las naciones, los profetas también proclamaron la eventual inclusión de las naciones en la salvación de Dios.
Los primeros cuatros concilios ecuménicos fueron Nicea (325), Constantinopla (381), Éfeso (431) y Calcedonia (451).
Los estados finales de los ángeles y de los humanos son para la gloria de Dios.