Después de escuchar el plan de Dios, el profeta Habacuc se atrevió a decirle a Dios que no debía hacer eso.
El primer credo declarativo acarca del cual tenemos conocimiento fue el Antiguo Credo Romano.
Siendo hijos de Dios, los creyentes en Jesucristo disfrutan tres de los mismos privilegios que el Hijo de Dios tiene ante su Padre.
Dios prometió que la gloria posterior de su templo sería mayor que su gloria pasada.