En dos listas tenemos, por un lado, los resultados de vivir según la carne y, por el otro lado, de vivir según el Espíritu.
Entre los siglos XI y XV, el papado utilizó su poder creciente a veces promoviendo la reforma de la iglesia y otras veces resistiéndola.
Cinco lamentaciones burlonas anunciaron la destrucción del opresor.
Después de notar que tan poco el pueblo había logrado, Dios lo reanimó con su presencia.