La presencia del Espíritu Santo en el creyente transforma su manera de vivir, librándolo de andar según la carne para andar según el Espíritu.
Jesucristo cumplió los tres oficios del Antiguo Testamento: profeta, sacerdote y rey.
La Cena del Señor es no sólo una conmemoración sino también comunión con Cristo.
La fe es el único y el apto instrumento de la justificación.