El primer credo declarativo acarca del cual tenemos conocimiento fue el Antiguo Credo Romano.
En su efusivo agradecimiento por la iglesia en Tesalónica, los autores describieron una iglesia digna de ser imitada.
El ser humano es una unidad que es esencialmente cuerpo y alma (o espíritu).
Si la muerte de Cristo aseguró la salvación de todos por los cuales murió, entonces concluimos que murió por su pueblo.