El Credo de los Apóstoles fue un desarrallo posterior del Antiguo Credo Romano.
La profecía de Hageo terminó con una promesa de restaurar el linaje del Rey David.
La presencia del Espíritu Santo en el creyente transforma su manera de vivir, librándolo de andar según la carne para andar según el Espíritu.
Demostramos el fruto del Espíritu restaurando al hermano caído en pecado.