El credo que llamamos el Niceno probablemente fue una ampliación del Credo de Nicea realizada por el Concilio de Constantinopla.
En su descripción y defensa de su ministerio, Pablo y sus compañeros nos dan un retrato de minstros fieles.
La voluntad de Dios para los cristianos es nuestra santificación, particularmente en el área de la sexualidad.
La presencia del Espíritu Santo en el creyente transforma su manera de vivir, librándolo de andar según la carne para andar según el Espíritu.