El ser humano es una unidad que es esencialmente cuerpo y alma (o espíritu).
El Credo de los Apóstoles fue un desarrallo posterior del Antiguo Credo Romano.
El apóstol Pedro denunció los falsos maestros de su día, quienes negaron al Señor que nos compró.
Como hijos del día, tenemos que vivir en una forma alerta y sobria, armados de fe, amor y esperanza.