Sin sutileza alguna, Pablo empezó esta carta con una fuerte reprensión, porque los Gálatas se habían desviado del único evangelio para creer otro evangelio falso.
Por medio del profeta Hageo Dios cuestionó las prioridades de su pueblo.
El apóstol Pedro denunció los falsos maestros de su día, quienes negaron al Señor que nos compró.
Otra manifestación del fruto del Espíritu es la generosidad de los cristianos hacia los maestros de la palabra de Dios.