Aunque fue la cosa más vergonzosa para Pablo, él frecuentemente mencionó que había sido perseguidor de la iglesia, y lo hizo para demostrar cuán grande es la gracia de Dios. Si Dios pudo salvar a Pablo, puede salvar a cualquiera.
La profecía de Hageo terminó con una promesa de restaurar el linaje del Rey David.
Por medio de una asututa conversación, Booz ganó el derecho de redimir un terreno de Noemí y de casarse con Rut.
En su relación tempestuosa con los Gálatas, Pablo demostró las características de un verdadero ministro del evangelio.