Para entender el pecado bíblicamente, tenemos que definirlo con referencia a la ley de Dios.
Al final, el profeta dejó su queja y recordó las obras de Dios en oración.
Como a una lámpara en un lugar oscuro, necesitamos presentar atención a las Escrituras.
La justificación tiene dos aspectos: el perdón de los pecados y la imputación de la justicia de Cristo.