Ya que Dios había cumplido muchas de sus promesas a Abraham, haciendo de sus descendientes una gran nación establecida en la Tierra Prometida, el Rey David pensó que era el momento indicado para construirle a Dios una casa. Dios tuvo otros planes y mucho más grandes. Estableció un pacto con David y con sus descendiente, prométiendole un reino eterno. Aunque nunca se realizó esta promesa durante la época del Antiguo Testamento, Jesus, el Hijo de David, está cumpliendo estas promesas en una forma mucho más grande de lo esperado.
La historia nos enseña lecciones importantes sobre los costos, las bendiciones y el fin de las misiones.
Luis García es pastor presbiteriano, miembro del equipo direccional del Ministerio Hispano de Misión a Norteamérica y presentador de un nuevo podcast llamado Teología...
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