Dios nos ha concedido todo lo que necesitamos para vivir la vida cristiana y tener comunión con él.
Aunque no podemos justificarnos cumpliendo la ley sino creyendo, la fe produce el amor, y el amor es el cumpliento de la ley.
Como advertencia para los falsos maestros y consuelo para los cristianos, Pedro demostró que el Señor sabe juzgar y rescatar.
El ser humano es una unidad que es esencialmente cuerpo y alma (o espíritu).