Las tres metas de las misiones de la iglesia son hacer discípulos de todas las etnias, la consumación del reino de Dios y la gloria de Dios.
Dios prometió que la gloria posterior de su templo sería mayor que su gloria pasada.
La presencia del Espíritu Santo en el creyente transforma su manera de vivir, librándolo de andar según la carne para andar según el Espíritu.
Además de la justificación, los que confían en Cristo reciben la adopción como hijos, y son la descendencia de Abraham y herederos de Dios.