Completando la demostración de lo bíblico de la doctrina de la Trinidad, este episodio cita textos que apoyan la deidad del Espíritu Santo y la personalidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Después de notar que tan poco el pueblo había logrado, Dios lo reanimó con su presencia.
El día del Señor será no solo una destrucción universal sino también una renovación universal.
En respuesta a la segunda queja del profeta, Dios anunció que el justo por su fe vivirá.