Al final, el profeta dejó su queja y recordó las obras de Dios en oración.
En la conclusión de su carta, Pedro nos insta a crecer en gracia y en conocimiento del Señor.
Las viudas ya tuvieron abundante comida, pero todavía quedó por resolverse la continuación del linaje extinto de los hombres difuntos.
Entre el Credo de Atanasio y el Catecismo de Ginebra pasó todo un milenio, resumido en este episodio.