Si la ley no abroga la promesa y no salva, ¿para qué la dio Dios? En Gálatas 3:19-25, Pablo da una respuesta a esta pregunta.
El primer credo declarativo acarca del cual tenemos conocimiento fue el Antiguo Credo Romano.
En la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo para que nosotros fuéramos hechos también hijos de Dios por medio de la adopción.
La profecía de Hageo terminó con una promesa de restaurar el linaje del Rey David.