Si la ley no abroga la promesa y no salva, ¿para qué la dio Dios? En Gálatas 3:19-25, Pablo da una respuesta a esta pregunta.
Jesucristo cumplió los tres oficios del Antiguo Testamento: profeta, sacerdote y rey.
El primer estado del ser humano fue de inocencia, el cual incluyó algunas instituciones fundamentales y una prueba especial.
Dios Padre levantó a Cristo corporalmente por el poder del Espíritu Santo.