Si la ley no abroga la promesa y no salva, ¿para qué la dio Dios? En Gálatas 3:19-25, Pablo da una respuesta a esta pregunta.
La reforma protestante se estableció en Inglaterra en una forma moderada y más profundamente en Escocia.
Siendo hijos de Dios, los creyentes en Jesucristo disfrutan tres de los mismos privilegios que el Hijo de Dios tiene ante su Padre.
La voluntad de Dios para los cristianos es nuestra santificación, particularmente en el área de la sexualidad.