Si la muerte de Cristo aseguró la salvación de todos por los cuales murió, entonces concluimos que murió por su pueblo.
El día del Señor será no solo una destrucción universal sino también una renovación universal.
En su descripción y defensa de su ministerio, Pablo y sus compañeros nos dan un retrato de minstros fieles.
Los dos oficios de la iglesia son el anciano (también llamado obispo) y el diácono.