Tanto la fe como el arrepentimiento son necesarios y al mismo tiempo acciones humanas y regalos de Dios.
Para Cristo, la resurrección fue su justificación, adopción, santificación y glorificación.
Jesucristo cumplió los tres oficios del Antiguo Testamento: profeta, sacerdote y rey.
En la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo para que nosotros fuéramos hechos también hijos de Dios por medio de la adopción.