Tanto la fe como el arrepentimiento son necesarios y al mismo tiempo acciones humanas y regalos de Dios.
El juicio final evaluará y recompensará las obras de cada uno.
En la santificación el Espíritu Santo hace que los creyentes mueran al pecado y vivan para el Señor.
Para entender el pecado bíblicamente, tenemos que definirlo con referencia a la ley de Dios.