En la conclusión de su carta, Pedro nos insta a crecer en gracia y en conocimiento del Señor.
Siendo hijos de Dios, los creyentes en Jesucristo disfrutan tres de los mismos privilegios que el Hijo de Dios tiene ante su Padre.
Los dos oficios de la iglesia son el anciano (también llamado obispo) y el diácono.
Cinco lamentaciones burlonas anunciaron la destrucción del opresor.