Una pregunta que solo los seres humanos hacemos es: ¿qué somos nosotros? Para entendernos, el salmista primero contempla la grandeza de Dios y luego lo pequeño y lo glorioso de los seres humanos. Citando este salmo, el Nuevo Testamento revela su máximo cumplimiento en el Hijo de Dios, quien se hizo uno de nosotros.
El juicio final evaluará y recompensará las obras de cada uno.
Demostramos el fruto del Espíritu restaurando al hermano caído en pecado.
La imagen de Dios no es un aspecto de Dios o del ser humano sino el ser humano mismo.