El primer estado del ser humano fue de inocencia, el cual incluyó algunas instituciones fundamentales y una prueba especial.
Siendo hijos de Dios, los creyentes en Jesucristo disfrutan tres de los mismos privilegios que el Hijo de Dios tiene ante su Padre.
No importanto cuánto hayamos avanzado en el amor, siempre hay lugar para amar más y más.
En la santificación el Espíritu Santo hace que los creyentes mueran al pecado y vivan para el Señor.