Todavía perseguidos, los tesalonicenses mostraron la evidencia de la gracia de Dios en sus vidas por medio de su fe y amor.
En la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo para que nosotros fuéramos hechos también hijos de Dios por medio de la adopción.
No importanto cuánto hayamos avanzado en el amor, siempre hay lugar para amar más y más.
Dios prometió que la gloria posterior de su templo sería mayor que su gloria pasada.